La filosofía del movimiento Slow ha ido adquiriendo cierta dinámica con el tiempo, hecho que le ha permitido introducirse en diferentes terrenos, mostrando una versatilidad profunda, permitiendo distintas aplicaciones destinadas a contrarrestar la celeridad característica de nuestros días.
Como hemos comprobado el eje vertebrador del movimiento Slow nace en el terreno alimenticio, en clara oposición a la proliferación de la cultura del fast food exportada por los Estados Unidos.
No debemos olvidar que somos lo que comemos y aunque en esencia seamos básicamente hierba, pues o bien nos alimentamos de vegetales, cereales y legumbres o bien de animales que se alimentan de éstos mismos elementos, la gastronomía juega un papel capital en el movimiento Slow.
Para el Slow Food, la comida dejan de ser un mero trámite calórico-vitamínico para convertirse en un auténtico viaje de los sentidos en los que el tiempo se diluye en una copa de buen vino, compañía ideal para una sucesión de platos con marcada denominación de origen. El paladar hace de vehículo perfecto para impulsar la interacción y hasta la espera entre plato y plato, se endulza con la incertidumbre de lo que vendrá después.
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En las Slow Cities impera el equilibrio entre modernidad y tradición. Su gran aportación se concentra en una cincuentena de promesas destinadas a facilitar y armonizar el día a día en su seno.
De esta forma, los centros históricos son espacios peatonales en los que el tráfico y el ruido asociado desaparecen, fomentando el paseo tranquilo. Las grandes superficies son rechazadas en favor de los pequeños comerciantes de la localidad, favoreciendo los productos autóctonos.
Las casas se elevan al unísono, manteniendo la misma línea en las fachadas, altura y tejados. Los restaurantes elaboran recetas tradicionales del lugar a base de productos locales que son cultivados siguiendo los postulados de la agricultura y ganadería ecológicas, ideal para preservar el sabor de los alimentos, así como para favorecer los biorritmos de la tierra en función de la estación del año. El tiempo parece pararse para favorecer la reflexión existencial de sus conciudadanos y visitantes.
www.cittaslow.net
Como muestran encuestas anuales, la calidad del sexo en el mundo occidentalizado ha descendido, consecuencia directa de las largas jornadas laborales y del estrés acumulado.
Una vez más, la sombra de la celeridad invade un terreno tan crucial como las relaciones íntimas.
Desde las posiciones de Slow Sex, hacer el amor pausadamente resulta una experiencia muy profunda, aparte de placentera. La clave resulta una vez más la desaceleración del acto amoroso. La seducción es un arte que cobra sentido con una apropiada gestión del tiempo y con dosis de juego e incertidumbre.
Asimismo, resulta muy apropiado crear un escenario que propicie el acto, bien sea con unas velas aromáticas, un hilo musical atmosférico y unos largos preliminares a base de masajes y caricias.
Los esfuerzos del Slow Work centran su atención en ralentizar la jornada laboral con el fin de mejorar la productividad de los trabajadores –aunque parezca paradójico- además de procurar cierto tiempo libre que pueda aprovecharse en beneficio propio.
No debemos olvidar que la sobrecarga de trabajo en el mundo occidental es la causa de algunos de los trastornos más preocupantes de la actualidad.
Algunas empresas punteras, conscientes de la situación actual del mercado laboral, han optado por modificar sus normas y hacer de la empresa un espacio flexible en el que los trabajadores gestionen el tiempo a su gusto, obtengan generosas vacaciones o incluso puedan gozar de un espacio con música en vivo, gimnasio o guardería para sus pequeños.
El Slow Work se alinea con la idea que una mayor inversión de tiempo no garantiza una mayor productividad; sinó todo lo contrario.
Más que nunca, los niños viven presionados por la necesidad de convertirse en adultos antes de hora. En muchas ocasiones son los padres los que atiborran a sus hijos de actividades al margen del colegio para que se vayan adaptando al ritmo frenético de nuestra sociedad desde temprana edad. En otras, es la propia televisión o Internet los agentes que juegan este rol que invita a la precocidad de los más pequeños.
Desde la posición de Slow Schooling, se aboga por impulsar el juego en un entorno favorable a la interacción, lejos de competir. Asimismo, se alienta a los niños a descansar y relajarse para ordenar de forma estable y creativa sus ideas. Ha quedado demostrado que una enseñanza más lenta, basada en aprender a pensar y a establecer conexiones, resulta mucho más positivo y efectivo que devorar información para luego vomitarla en un examen.




